Bolsas de papel.

Yohji Yamamoto dijo una vez: "Odio cuando la gente usa logos de marcas tan a la vista en la calle. Parecen víctimas de la moda".

Señor Yamamoto, cuánta verdad dice usted. La ostentación de poseer una prenda de una marca reconocida no es sinónimo  de estilo: es convertirte en una publicidad andante, o eso es lo que pienso últimamente. No obstante, creo que hay unas excepciones que valdrían la pena ser estudiadas, y es cuando un logo adquiere un sentido de pertenencia más allá de su principal significado, es cuando muta en una coyuntura de acontecimientos en las subculturas que le da otro poder. Las personas se apropian del logo. Podemos ver esto en marcas como Fred Perry: El laurel representa la victoria y logros del famoso jugador de tenis que le dio nombre a la marca. Lo habrás visto infinidad de veces por las calles de Madrid, París, Londres, Ciudad de México. Pero hay una enorme diferencia entre un pijo usando una Fred Perry a una joven modernista aficionada al R&B cuya Fred Perry ha vivido más de lo que te imaginas con ella. 

Quién podría pensar que un saco de arpillera, de esos que sirven para transportar arroz, pudiera adquirir tal poder de pertenencia y orgullo entre la juventud. O una bolsa de papel, de esas que te dan al comprar una prenda, con el logo estampado, tuviese un significado más allá que la mera ostentación por decir: mira lo que llevo puesto. 

Y no, no hablamos de los excéntricos accesorios de Balenciaga a precios exorbitantes. Hablo de las bolsas de Van Jacket que cargaban los chicos y chicas con tanto orgullo por la calle de Miyuki dori, en Ginza, Tokio. Cualquier amante nipón del Ivy look en el 64 cargaba con una bolsa con el logo de Van Jacket como bolso. Y tiene una historia bastante curiosa. Lo cuenta David Marx en su libro "Ametora: How japan saved American style": Con el auge del Ivy look- producto del ingenio de Kensuke Ishizu, fundador de Van Jacket- se creó toda una parafernalia enfocada en el look universitario de la elite estadounidense entre la juventud nipona. El auge del Ivy Look en Japón llegaría apenas dos décadas después del final de la Segunda Guerra Mundial. Para muchos resultaba llamativo que una parte de la juventud japonesa adoptara precisamente la estética universitaria estadounidense como una provocadora declaración de independencia. 

los jóvenes también usaban bolsas de Men´s shop, una de las tiendas donde podías encontrar ropa de Van Jacket, hoy todavía se encuentra activa.




La tribu Miyuki -a diferencia de otros fenómenos culturales de los 60s que adoptaron lo Ivy como mods/skinheads/minets-, no necesariamente nació de la clase obrera, pero tampoco fue algo exclusivo de jóvenes ricos. Según lo que he podido investigar en algunos blogs y foros como el de Tony´s bar en facebook, la media entre chicas y chicos  que frecuentaban la calle de Miyuki dori en el 64 eran de clase media en su mayoría. Cuenta la leyenda, que al salir de los colegios, los estudiantes usaban un costal de arroz para guardar sus uniformes del colegio al cambiar de piel y lucir sus plumas de pavo real: Button downs, canvas trainers, bermudas, blazers hechos de tela madras de verano. 

Van Jacket no consistía únicamente en adquirir ropa. Para muchos jóvenes suponía formar parte de una comunidad con sus propios códigos, referencias y aspiraciones, suponía apreciar los detalles que con esmero y dedicación fueron construidos, de nuevo cito a Yamamoto: "Empieza copiando aquello que amas. Copia, copia, copia, copia. Al final de la copia te encontrarás a ti mismo".

Kensuke Ishizu fue el eje central de aquella revolución estética , y los jóvenes no seguían a Van jacket solo porque el lo dijera, era porque les entendía de verdad, les apasionaban todos esos códigos que revistas como Heibon punch (más tarde también Men´s club, Popeye, 2nd magazine, etc..) lograron plasmar con exactitud: El largo correcto de los pantalones; o el famoso "sometimes, always, never": nunca te abotonas el último botón de una americana, salvo algunas muy limitadas excepciones, como por nombrar algunos ejemplos. La bolsa de papel de Van Jacket, arrugada y con las impresiones del logo de la marca, era lo que te entregaban junto con tu compra pero, ¡hey! no la tiraban a la basura en cuanto llegaban a casa. Salir con la bolsa de Van Jacket debió sentirse como si te hubiesen regalado otra prenda más. Era un orgullo portar con ella, y así, como el costal de arroz, se convirtió en una insignia de la tribu Miyuki, y más tarde del Ivy Zoku que dominaría la esfera del ivy más tarde.

Al final, la bolsa de Van Jacket como estrategia publicitaria fue bastante eficiente, pasó de ser una  que campaña de marketing a la bandera cultura del "joven y el joven de corazón", lema oficial de Van jacket. Es una lastima que la tribu Miyuki fuera tan demonizada por la policía y la sociedad en general por varios factores: control del orden público, temor a las aglomeraciones juveniles, tensiones culturales de la posguerra, preparación de los Juegos Olímpicos del 64, etc.

Pese a todo, el look Ivy se expandió y no habría nada que pudiera impedirlo, no por nada actualmente Japón es, hoy en día, el país nicho del look Ivy league estadounidense, tanto así que marcas como J.Press se trasladaron a la tierra del sol naciente, encontraron un nuevo hogar, luego de quedar lejos del umbral del ojo público norteamericano que les vio nacer.

Señor  Yamamoto, coincido con usted en que enseñar un logo no convierte a nadie en una mejor persona, pero, si observa con detenimiento la historia que abarcan muchas culturas, descubrirá que algunos símbolos escaparon al control de las propias marcas. Los jóvenes los hicieron suyos, y terminaron por dominar aquello que originalmente pretendía dominarlos. 

En una noche soñé  que me encontraba caminando una tarde de primavera por la gran Vía, era un día aparentemente soleado, sin ningún rumbo la verdad, solo recuerdo algo que me marcó de ese sueño.
A las afueras del edificio de Telefónica, conectando por la calle de Fuencarral, había visto a varios jóvenes vestidos con el mejor look Ivy posible, button downs de Madras con el mejor collar roll que cualquier modernista podría soñar, chalecos rojos de lana, pantalones slacks, y brogues, Oxfords, Canvas, vaya que sueño presenciar una movida que siempre he amado más viva que nunca en una zona donde el turismo  y las aglomeraciones son el pan de cada día. Pero aquí, lo que más me había llamado la atención, todos llevaban una bolsa Van Jacket. Al despertarme, quise seguir soñando, y aún lo hago, siento que algún día, aquello que vi en esa visión nocturna, se hará realidad. 




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